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03-05-2016

El Tratamiento Nutricional de las Afecciones Dermatológicas

Afecciones Dermatológicas

El envejecimiento de la piel

El envejecimiento es responsable de cambios progresivos de la piel: es la causa de la sequedad, de las arrugas, de la laxitud (distensión o falta de firmeza), de una pigmentación irregular y de una variedad de lesiones proliferativas. Es a partir de los 50 años cuando el envejecimiento cutáneo comienza a ser claramente visible. La piel se hace más seca, más rugosa y adelgaza. Al estar más fina, se pliega más fácilmente y las venas se hacen más visibles. En algunas personas, la piel tiene un aspecto espeso y, en ese caso, se marca con surcos más o menos profundos.

Hay varios factores que influyen en el envejecimiento cutáneo, como la herencia, las condiciones climáticas, las hormonas, el tabaco y la nutrición. Pero uno de los factores más determinantes en la aceleración del envejecimiento de la piel es el sol. Los rayos ultravioletas (UV) perjudican a la epidermis y la dermis de la piel. Por tanto, unas exposiciones demasiado frecuentes y prolongadas al sol pueden causar algunos problemas, como el lentigo (mancha de vejez). La piel envejece más rápidamente en las partes donde ésta está expuesta al sol más a menudo, es decir en la cara, las manos, la nuca y el cuello. En los casos más graves, los rayos UV-A pueden ser responsables de la aparición de tumores cancerosos. Cada uno de nosotros se beneficia de un “capital de sol” determinado al nacimiento, más allá del cual aparecerán los signos de envejecimiento, las queratosis solares y eventualmente los cánceres cutáneos. Los efectos del sol son dosis dependientes y se acumulan según avanza la edad. En cuanto a las arrugas, las arrugas pequeñas y las patas de gallo, éstas son inevitables y el sol es responsable en gran parte de las mismas. Para ralentizar la aparición de las arrugas, es mejor desconfiar de los rayos UV y utilizar una crema hidratante diariamente.

La DHEA (dehidroepiandrosterona) es una hormona fabricada por las glándulas suprarrenales (situadas encima de los riñones). El estudio DHEAge (DHEA Edad) se ha realizado con 280 voluntarios (hombres y mujeres en igual proporción), de edades entre 60 y 79 años, y que no presentaban ninguna enfermedad particular. Este estudio ha confirmado la disminución del nivel sanguíneo del sulfato de DHEA con la edad – esta disminución empieza a partir de los 25 años. La DHEA es el precursor de las hormonas sexuales masculinas y femeninas. Un grupo recibió 50 mg/día de DHEA durante un año, otro recibió un placebo. Se hizo un seguimiento de los mismos a los tres meses, a los seis meses y a los doce meses. La eficacia fue especialmente clara en las mujeres y particularmente en las que eran mayores de 70 años. La ingesta de DHEA mejoró la hidratación cutánea y la producción de sebo (secreciones lipídicas que forman una película protectora y permiten a la piel mantener su flexibilidad y defenderse contra las agresiones microbianas y medioambientales). Con la ingesta de DHEA, la pigmentación asociada al envejecimiento, especialmente en la cara, disminuyó, y la pérdida de espesor de la piel con la edad fue menos acentuada.

La piel está esencialmente constituida por tres compartimentos cada uno de los cuales comprende tipos celulares diferentes:
La epidermis : Está constituida principalmente por queratinocitos (entre el 80 % y el 90 % de todas las células epidérmicas) que fabrican el estrato córneo (barrera principal del cuerpo humano), los melanocitos (células que producen la síntesis de la melanina) y las células de Langerhans (que sirven para el reconocimiento antigénico).

Le dermis: Contiene los fibroblastos, las células endoteliales de los capilares, los mastocitos y los histiocitos que se bañan en una red de proteínas fibrosas.

Una capa de tejido adiposo: Esta capa consta de adipocitos (células adiposas o grasas). Ésta asegura la protección mecánica y el aislamiento de las estructuras subyacentes.

Función de los nutrientes en dermatología

Algunos nutrientes desempeñan una función principal en la protección de la piel. Se trata de las vitaminas, los minerales, los ácidos grasos esenciales y los aminoácidos. A menudo se encuentran signos cutaneomucosos en caso de carencias de vitaminas del grupo B (B2, B3, B5, B6, B8, B9, B12): dermatitis, queilitis, bocera, alopecia (pérdida provisional o definitiva del pelo), despigmentación.

Las vitaminas y los antioxidantes

La vitamina B2 (riboflavina) desempeña una función de protección de la piel. Su déficit se manifiesta por signos cutaneomucosos y oculares. Las lesiones cutáneas se presentan en forma de dermatitis seborreica de la cara, predominante en las alas de la nariz y a veces en el lóbulo de las orejas o la cola de las cejas. A veces se observa una hiperpigmentación en la vulva y el escroto.

La vitamina B3 (niacina) participa en el mantenimiento del buen estado de la piel. La carencia de vitamina B3 se manifiesta por la pelagra. Los signos cutáneos constituyen la manifestación más típica de la enfermedad. Se observan eritemas simétricos que aparecen en las partes descubiertas: cabeza, cuello y extremidades de los miembros. Son dolorosos y provocan una sensación de escozor. La lesión es primero edematosa, posteriormente se descama dejando una piel algo parduzca, seca, rugosa y atrófica. Ésta está asociada a signos digestivos, psíquicos y hematológicos.

La vitamina B5 (ácido pantoténico) participa también en el proceso de cicatrización y favorece la actividad de los tejidos y de las mucosas, del pelo y de la piel. Los signos cutáneos de esta carencia son una alopecia y ulceraciones cutáneas. Las carencias de vitaminas B5 y B8 pueden desarrollar conjuntamente una alopecia o una seborrea del cuero cabelludo. La asociación de vitamina B5 y B8 se utiliza para el tratamiento de la alopecia (1). Esta asociación permite regular la seborrea, frenar la caída del pelo y estimular su crecimiento (2).

La vitamina B6 (piridoxina) interviene como agente antiestrés, sabiendo que el estrés es un factor agravante del acné (ansiedad, periodo premenstrual). La carencia de vitamina B6 es entre otras cosas responsable de diversos efectos cutáneos: dermatitis seborreicas con predominio periorificial, queilitis (lesión que afecta a los labios) y glositis (lesión que afecta a la lengua). La falta de vitamina B6 se traduce por una incorporación muy disminuida de la cistina a la piel y en la zona teratógena del pelo.

La vitamina B8 (biotina) disminuye la secreción de la piel, evitando una piel grasa. La carencia de vitamina B8 causa trastornos cutaneomucosos tales como la dermatitis periorificial, las erupciones cutáneas, el intertrigo, la onixis y la candidiosis, signos generales y neurológicos. Ésta favorece la renovación de la piel al actuar sobre la capa germinativa situada en la dermis y la epidermis. La vitamina B8 es fácilmente absorbida por el pelo del que ésta es un elemento constitutivo natural y penetra mucho mejor si el pelo es seco y está dañado. Ésta estimula el crecimiento del folículo piloso. En la alopecia masculina común androgenética, la ingesta de vitamina B8 permite una detención provisional de la caída del pelo y hace desaparecer su aspecto apagado, quebradizo y despigmentado. La vitamina B8 se utiliza como tratamiento de la dermatitis seborreica de los niños que han sido amamantados (seborrea capilar conocida como “costra láctea”, eritema glúteo y eritrodermia de Leiner-Moussous).Ésta tiene una acción estimulante en el folículo piloso así como una acción antiseborreica demostrada.

La vitamina A (retinol) protege las capas superficiales de la piel al impedir la proliferación bacteriana y asegura una mejor cicatrización. Los primeros signos de una carencia de vitamina A son una hemeralopía (disminución de la visión crepuscular), una sequedad de la piel y una hiperqueratosis de la cara externa de los miembros inferiores.

El betacaroteno es un carotenoide. Protege nuestra piel de las agresiones del sol y desempeña una función antioxidante al igual que las vitaminas C y E. El betacaroteno puede transformarse en vitamina A. Desempeña una función en la comunicación y la diferenciación celular. Interviene en el crecimiento y la integridad de las células de la piel. Su carencia se manifiesta por una desecación de la piel con atrofia de las glándulas sebáceas y sudoríparas y un espesamiento de la capa córnea de la piel (hiperqueratosis), que le da a ésta un aspecto rugoso. El betacaroteno también tiene un efecto fotoprotector (protección contra los rayos UV).

La vitamina C (ácido ascórbico) tiene una acción antioxidante y protege la piel. Su carencia se manifiesta por el escorbuto en el adulto y la enfermedad de Barlow en el niño. Aparecen unos signos cutaneomucosos: edemas de las extremidades, una gingivitis hipertrófica con hemorragias, posteriormente una pérdida de dientes, una foliculitis hiperqueratósica y hemorragias cutáneas (petequias – manchitas rojas violáceas –, equimosis –hematoma–). Una falta de vitamina C provoca trastornos de la cicatrización. La vitamina E (tocoferol y tocotrienol) tiene una acción antioxidante impidiendo la oxidación de los ácidos grasos esenciales. Ésta protege las membranas celulares. La vitamina E, en asociación con el betacaroteno y la vitamina C, ayuda a la ralentización del envejecimiento cutáneo.

Los ácidos grasos esenciales

Los ácidos grasos esenciales en el omega 3 (EPA – del inglés eicosapentanoic acid – ácido eicosapentanoico, DHA – del inglés docosahexaenoic acid – ácido docosahexanoico) presentes en los aceites de pescado y algunos ácidos grasos en omega 6 (GLA – del inglés gamma-linolenic acid – ácido gamma linolénico) presentes en los aceites de borraja y onagra, aseguran la flexibilidad, el brillo y la hidratación de la piel.

Los aminoácidos

Los hidrolizados de proteínas son útiles para el crecimiento del pelo. Un déficit alimentario en proteínas asimilables inducirá una ralentización del crecimiento del pelo, incluso una caída. La cisteína es un aminoácido azufrado muy abundante en la piel. La taurina desempeña una función antioxidante, participa en la eliminación de las sales biliares y actúa en sinergia con el magnesio y la vitamina B6.

Los minerales y los oligoelementos

El magnesio participa en la activación de las vitaminas del grupo B. Es indispensable para la integridad de las membranas celulares. Permite la lucha contra el estrés, contribuyendo de esta manera a la disminución de uno de los factores que agravan el acné.

El zinc, al inhibir la reacción inflamatoria de la piel, contribuye a su cicatrización. En ausencia de una suplementación en zinc, las quemaduras extendidas cicatrizan con dificultad y tienen tendencia a infectarse (3). La carencia de zinc es la causa de las dermatosis peribucales (acrodermatitis enteropática).

El silicio es indispensable para la síntesis de las fibras de colágeno y de elastina en los tejidos conjuntivos. Cualquier empobrecimiento de estos tejidos en silicio conlleva una pérdida de su elasticidad y de su integridad. Por tanto, los derivados orgánicos del silicio (silanoles) están indicados para actuar sobre las arrugas y las estrías y para mejorar la elasticidad de la piel. El déficit de silicio orgánico a partir de los cuarenta años provoca una desecación importante de la piel y la aparición de arrugas.

El eczema atópico

Hay diversos tipos de eczemas:

1. Eczema de contacto: Aparece en diferentes circunstancias: ya sea por contacto directo (manipulación de productos químicos, transporte de alérgenos por las manos), o por un contacto aerotransportado (alérgenos transportados en el aire, llegando así al contacto de los tegumentos), o bien por inclusión de cuerpos extraños inyectados de manera accidental en la piel.

2. El eczema atópico: es una enfermedad frecuente, sobre todo en el niño. Ésta afecta en Europa a entre el 12 % y el 15 % de la población de los bebés menores de 2 años, y a entre el 2 % y el 5 % de los niños menores de 5 años. El eczema puede comenzar a cualquier edad, pero lo más frecuente es que lo haga entre el 2º y el 4º mes de vida. Su evolución es crónica y se hace por brotes. Está estrechamente asociado al asma y a la fiebre del heno. Se manifiesta por una sequedad cutánea, placas de eczema rojas, pruriginosas y espesas. Esta enfermedad inflamatoria puede resultar ser muy invalidante.

Dos nociones intervienen en la aparición del eczema:

1. El terreno atópico que es uno de los elementos principales con antecedentes familiares y la presencia de un aumento de las inmunoglobulinas E en entre el 70 % y el 80 % de los casos.

2. El entrono con alérgenos múltiples (ácaros, alérgenos alimentarios) que desencadenan una reacción inflamatoria especial, con liberación de histamina y numerosos mediadores en la piel lesionada, acabando así en la auténtica lesión de eczema.

El estudio de los fosfolípidos plasmáticos de un grupo de 50 jóvenes adultos que presentaba un eczema atópico ha mostrado una elevación del ácido linoleico con un déficit en ácido gamma-linolénico (GLA – del inglés gamma-Linolenic acid) y de sus metabolitos, como el ácido dihommo-gamma linolénico (DGLA – del inglés dihommogamma-linolenic acid) y el ácido araquidónico. Esto sugiere que los sujetos que padecen atopia tienen un déficit funcional de 6- desaturasa que convierte el ácido linoleico en GLA.

Los pacientes que padecen atopia pueden ser excepcionalmente sensibles a los efectos secundarios de los antiinflamatorios no esteroideos. La aplicación cutánea de ácido nicotínico (vitamina B3) puede originar en ellos un rubor. Estas manifestaciones pueden explicarse por un déficit de precursores de las prostaglandinas (4).

Los aceites de onagra y de borraja

Así pues, el tratamiento lógico de la atopia es posiblemente proporcionar al organismo el GLA que no logra sintetizar. Dos aceites vegetales son ricos en GLA: el aceite de onagra (nothera biennis) que contiene entre un 8 % y un 10 % de éste y el aceite de borraja (Borago officinalis) que contiene como mínimo un 23 % de éste. Un estudio ha comparado el efecto del aceite de onagra (71 % de ácido linoleico y entre 7 % y 10 % de GLA), del aceite de cártamo (Carthamus tinctorius) (entre 75 % y 78 % de ácido linoleico, sin GLA) y el aceite de parafina (5). La ingesta de aceite de onagra causa una elevación del nivel de DGLA sin elevar el nivel de ácido araquidónico, mientras que el aceite de cártamo eleva el nivel de ácido linoleico y de ácido araquidónico sin elevar el nivel de DGLA. Los suplementos de onagra (6 g/día) elevan en un 45 % el nivel de DGLA de los fosfolípidos de los glóbulos blancos, en un 46 % el nivel de fosfatidilcolina y en un 14 % el nivel de fosfatidiletanolamina de la piel sana. Así pues, el ácido gamma linolénico presente en estos aceites se incorpora bien en el organismo. Su aportación compensa el déficit de síntesis responsable de la atopia.

Un metaanálisis aparecido en 1989 (6) estudió nueve estudios controlados (5 estudios cruzados, 4 frente a placebo), que evaluaba el efecto del aceite de onagra como tratamiento del eczema atópico. El análisis global muestra que las puntuaciones de gravedad mejoran claramente con la ingesta del aceite de onagra, tanto desde el punto de vista del médico como del punto de vista del paciente. El efecto producido en el prurito es especialmente importante. La mejoría clínica está correlacionada positivamente con el índice de concentraciones de DGLA. Los resultados de este metaanálisis han sido confirmados por nuevos estudios. Su eficacia ha sido confirmada en el niño atópico, de manera concomitante al aumento del índice de DGLA en las membranas de los glóbulos rojos (7). La cantidad de aceite de onagra que debe tomarse es de 2 a 4 g/día. Puede que hagan falta hasta 6 meses para que se vean los resultados.
La ingesta de 500 mg de aceite de borraja frente a placebo por 106 pacientes aleatorizados que padecían eczema y que fueron tratados con un dermocorticoide provocó un aumento de los metabolitos del GLA y mejoró el subgrupo de pacientes cuyo índice de DGLA en los glóbulos rojos aumentó con la ingesta de aceite de borraja (8).

El aceite de pescado concentrado en EPA y DHA

Unos sujetos que padecían eczema atópico recibieron en un estudio de doble ciego unos suplementos de 3 g de EPA (del inglés Eicosapentaenoic acid -ácido icosapentaenoico)+ DHA (del inglés Docosa-hexaenoic acid – ácido docosahexaenoico) frente a aceite de oliva durante 12 semanas. La puntuación de gravedad, el prurito y los síntomas subjetivos disminuyeron en los pacientes que recibieron EPA + DHA en comparación con el grupo que recibió aceite de oliva (9). En otro estudio (10), los suplementos durante 4 meses de 6 g de aceite de pescado concentrado en omega 3 frente al aceite de cacahuete, llevaron a una reducción de un 30 % de la sintomatología con omega 3 frente a un 24 % con aceite de oliva, en correlación con un aumento del contenido de omega 3 de los fosfolípidos del suero.
En un estudio, 21 perros que padecían eczema atópico recibieron durante 8 semanas o bien una combinación de aceite de borraja (176 mg/kg y 88 mg/kg) y pescado o bien aceite de oliva (204 mg/kg). Al final del tratamiento, la rojez y la escoriación se redujeron por la combinación de aceites de borraja y de pescado, mientras que la ingesta de aceite de oliva no produjo ninguna mejora (11). Las combinaciones de aceites de pescado y de onagra pueden ser más eficaces que las monoterapias de aceites de pescado o de onagra.

La psoriasis

La psoriasis es una dermatosis crónica caracterizada por placas eritematoescamosas, muy limitadas, aproximadamente bilaterales y simétricas, en evolución por brotes. Hay muchas variantes posibles:
La psoriasis vulgar:

1. Una erupción cutánea extendida, aproximadamente simétrica, a menudo pruriginosa.
2. Afecta selectivamente a los codos, rodillas, caras anteriores de las tibias, la región lumbar, el cuero cabelludo y las uñas.

Formas topográficas :

1. Psoriasis del cuero cabelludo: en forma, ya sea de placas que se desbordan sobre la parte frontal, ya sea de manchas circunscritas sin alopecia.
2. Psoriasis ungueal específica de tipo con depresiones cupuliformes en dedal plagando la lámina ungueal y de aspecto no específico de tipo con estrías longitudinales y de surcos horizontales.
3. Psoriasis palmoplantar que adquiere un aspecto que evoca manchas eritematoescamosas (redondeadas con contornos policíclicos) y de clavos o callos (o cuernos) psoriásicos (núcleo córneo, rodeado de un anillo) o el aspecto de psoriasis pustulosa localizada y de psoriasis de pliegues (placas de un color rojo vivo, sin escamas o poco escamosas, lisas, brillantes o manchas supurantes recubiertas de una capa blanquecina).
4. Psoriasis de las mucosas: rara.
La psoriasis puede ir acompañada de dolores articulares, sobre todo de las manos y de los pies o de la parte inferior de la espalda.

En Francia, la psoriasis afecta actualmente a 2 millones de personas, con cerca de 60.000 casos nuevos al año. Su frecuencia está influida por factores geográficos y del entorno. Afecta a los dos sexos. Puede comentar a cualquier edad, teniendo en el adulto dos picos de frecuencia, entre los 20 y los 30 años y entre los 50 y los 60 años. Hay una predisposición genética. Se nota una mayor frecuencia en los niños cuyos padres están afectados por la psoriasis – el 8 % de los niños se ven afectados si uno de los padres tiene psoriasis y el 40 % si los dos padres tienen psoriasis – o en los gemelos homocigotos.
La epidermis se renueva demasiado rápidamente. La capacidad de eliminación de células muertas se ve sobrepasada y éstas se acumulan.

Los factores alimentarios

Se ha estudiado la influencia de los consejos dietéticos en la gravedad de las placas de psoriasis crónica en 18 pacientes. Se les pidió que comiesen 170 g/día de pescado blanco durante cuatro semanas. A continuación, se separó a los pacientes en dos grupos: uno continuó el régimen de pescado blanco mientras que el otro lo reemplazaba por 170 g/día de pescado graso durante 6 semanas. Al final de este segundo período se invirtieron los regímenes durante otras 6 semanas. El consumo de pescado graso (y no de pescado blanco) permitió una mejora clínica modesta (11 % y 15 %) que fue acompañada de un aumento de las concentraciones plasmáticas en EPA. El consumo diario de pescado graso (caballa, sardina, salmón, sardina europea y arenque) es especialmente útil en el tratamiento de la psoriasis (12).
Un estudio italiano ha estudiado el consumo alimentario de sujetos de edades comprendidas entre los 16 y los 65 años, que reagrupaba a 316 pacientes que padecían psoriasis y 366 pacientes del grupo de control. La psoriasis aparece asociada positivamente con el BMI (del inblés Body Mass Index – Índice de masa corporal) (peso/tamaño al cuadrado). Existe una relación inversa entre la aparición de la psoriasis y el consumo de zanahorias, tomates y fruta fresca, así como el índice de aportación nutricional aconsejado de betacaroteno (13).

El aceite de pescado concentrado en EPA y DHA

Se ha estudiado el efecto de un suplemento en ácidos grasos n-3 en la psoriasis y el eczema atópico. Durante 4 meses, 41 pacientes recibieron 6 g/día de aceite muy concentrado en EPA y DHA frente a 6 g/día de aceite de maíz. La incorporación del DHA y del EPA en los fosfolípidos séricos era claramente más importante en los pacientes afectados de psoriasis (EPA + 480 %, DHA + 40 %) que en los pacientes afectados de eczema atópico (EPA + 200 %, DHA + 14 %). Este efecto iba acompañado de una disminución del receptor CD25 en la interleucina 2, el receptor de una citocina proinflamatoria. (14). Los marcadores del estrés oxidante son más elevados en los sujetos afectados de psoriasis: el nivel de ácido araquidónico (omega 6 precursor de metabolitos inflamatorios), de malondialdehido (MDA) plasmático (un residuo de oxidación de los lípidos) y la actividad de la glutatión peroxidasa (de actividad antioxidante) plaquetaria y eritrocitaria son más elevados, mientras que el nivel de selenio está reducido. Una tasa elevada de ácido araquidónico es una fuente de producción de leucotrieno B4, un metabolito proinflamatorio. La administración durante 2 meses de suplementos de aceite de pescado rico en omega 3, permitió la sustitución del ácido araquidónico por el EPA y el DHA en las membranas celulares. Ello llevó a una reducción del MDA y a una mejor estimulación de la glutatión peroxidasa (15,16). El EPA es el precursor del leucotrieno B5, este leucotrieno no tiene ninguna actividad proinflamatoria, al contrario del leucotrieno B4. La administración de 1,8 g/día de EPA y 1,2 g/día de DHA en 30 pacientes afectados de psoriasis permitió aumentar la relación de LTB5/LTB4 de 0 a 0,42; lo que ha resultado en una reducción de la inflamación (17). Así pues, los suplementos de EPA y DHA permiten normalizar la composición de ácidos grasos poliinsaturados de la membrana.

Un primer estudio (18) con 30 pacientes durante 10 días probó la administración intravenosa de una emulsión lipídica rica en omega 3 (2,1 g/día de EPA y 2,1 g/día de DHA) frente a una emulsión lipídica rica en omega 6. La gravedad de la enfermedad disminuyó en todos los pacientes que recibieron los oméga-3. Esta disminución está asociada a un aumento de la formación de productos derivados del EPA como los leucotrienos B5 y A5 (en el glóbulo blanco). El PAF (del inglés Platelet Activating Factor - factor de activación plaquetaria) disminuye con la administración de suplementos de omega 3, mientras que éste aumenta con el omega 6. Un segundo estudio parecido (19) confirmó la eficacia de los omega 3 como suplementos durante 14 días en 83 pacientes hospitalizados por placas de psoriasis crónicas severas. La Administración de suplementos de omega 3 resultó más eficaz que el omega 6 en el eritema, la descamación, la infiltración, la gravedad por sector del cuerpo y los criterios de evaluación del médico y del paciente. La aportación de omega 3 (pero sin omega 6) mejoró la concentración libre de EPA en el plasma, y la de leucotrienos B5 en los neutrófilos. Así pues la administración de suplementos de EPA tiene un efecto antiinflamatorio al reducir la hiperactividad plaquetaria y al elevar el nivel de leucotrieno B5.

Un estudio (20) ha hecho un seguimiento de 28 personas afectadas de psoriasis crónica de las cuales la mitad recibía suplementos de EPA (1,8 g/día) y de DHA (1,2 g/día), y la otra mitad un placebo. Al cabo de 8 semanas, los pacientes que habían recibido los suplementos notaron una disminución de las sensaciones de prurito y de rojez y de la gravedad sin que se modificase el tamaño de las lesiones. Si los omega 6 se asocian a los omega 3, el efecto antiinflamatorio de los omega 3 en la psoriasis desaparece (21).

Para obtener una eficacia todavía más rápida, es interesante asociar al aceite de pescado una dosis pequeña de un retinoide derivado de la vitamina A con receta médica. Esta asociación es más eficaz que el retinoide utilizado en monoterapia (22). Los pacientes afectados de psoriasis tienen un aumento de la tasa de triglicéridos plasmáticos en relación al grupo de control. Este aumento se refuerza con la ingesta de derivados de la vitamina A (etretinato), pero la ingesta concomitante de EPA (1,8 g/día) y de DHA (1,2 g/día) permite disminuir la elevación de los triglicéridos en un 70 % y del colesterol en un 45 % (23). Un estudio piloto de 4 semanas con 25 pacientes afectados con psoriasis, tratados con un retinoide (etretinato) ha mostrado que si se añaden 3 g de EPA + DHA se reducen los triglicéridos en un 27 % y se eleva el nivel de colesterol HDL (del inglés High-Density Lipoprotein – lipoproteína de alta densidad o colesterol “bueno”) (24).

La vitamina A y el betacaroteno

Un estudio turco ha mostrado que los niveles de glutatión estaban disminuidos y que la actividad de la glutatión peroxidasa en el plasma y los glóbulos rojos era menor en los pacientes afectados de psoriasis en relación con personas sanas, mientras que los niveles de betacaroteno y de malondialdehído (MDA) del plasma eran más altos en los pacientes afectados de psoriasis. Estos resultados muestran la función potencial que desempeñaría el aumento de la peroxidación lipídica y una disminución de los antioxidantes en la psoriasis. (25).

Se ha examinado el estado de la vitamina A (retinol) de 107 pacientes afectados de psoriasis y de 37 sujetos sanos (26). En 28 pacientes con lesiones de placas grandes o una soriasis pustulosa, los contenidos séricos de retinol eran menores que en los sujetos sanos. Se midieron las concentraciones de retinol y derivados a partir de trozos de piel de pacientes afectados de psoriasis. Las muestras se realizaron o bien en partes sanas, o bien en partes afectadas. Las concentraciones de retinol en la piel no eran diferentes en función de las partes, mientras que los niveles de carotenoides eran entre un 25 % y un 50 % menores, respectivamente, en las partes sanas y afectadas. El consumo de una asociación de betacaroteno y de cantaxantina elevó el nivel de carotenoides en la piel en un 170 % en los trozos de piel sanos y en un 610 %, en los trozos de piel afectados, sin modificar el contenido de vitamina A. Otros estudios han confirmado un nivel bajo de vitamina A en los pacientes afectados con psoriasis.

La vitamina D

Esta se encuentra en dos formas: el ergocalciferol presente en los vegetales y el colecalciferol presente en los productos animales y producido por nuestro organismo. Aunque la vitamina D esté clasificada en la categoría de vitaminas liposolubles, funciona de hecho como una hormona. Nuestra piel contiene el precursor de la vitamina D: el 7-dehidrocolesterol. Este precursor, bajo la acción de los rayos solares, se convierte en colecalciferol en la piel. A continuación son necesarias dos etapas para activarlo: la primera tiene lugar en el hígado – ésta depende de la hormona paratiroides – y lleva a la formación del calcidiol, la segunda se desarrolla en los riñones y lleva al calcitriol, la forma activa de la vitamina D. Esta vitamina ha resultado ser eficaz en el tratamiento de la psoriasis. El calcipotriol, un derivado de la vitamina D, es eficaz en aplicaciones locales como tratamiento a corto plazo de la psoriasis en placas de gravedad moderada. Las lesiones se blanquean o mejoran en entre el 60 % y el 70 % de los pacientes tratados en monoterapia con el calcipotriol en pomada. La utilización concomitante de la fototerapia UV-B, aumenta la actividad antipsoriásica. Globalmente, el derivado de la vitamina D representa una mejor alternativa que los dermocorticoides para el tratamiento de la psoriasis localizada. Es posible consumir hasta 25 µg/día (1000 UI/día) de vitamina D de forma totalmente segura (27). Dosis superiores no deberían administrarse más que previa consulta médica.

La uva de Oregón (Mahonia aquifolium)

Algunos estudios sugieren que la uva de Oregón puede contribuir a reducir los síntomas de psoriasis (28, 29, 30). En un estudio abierto con 443 pacientes afectados de psoriasis, la ingesta de esta uva durante 12 semanas ha resultado ser útil para el 73.7 % del grupo (31). Un estudio, de doble ciego controlado con placebo, en el que participaron 82 personas afectadas de psoriasis evaluó la eficacia de la aplicación de la uva (32). Según las evaluaciones de los participantes, esta uva produce buenos resultados.

La cura termal

Las curas termales son a menudo benéficas. Especialmente el Mar Muerto, situado a 400 m bajo el nivel del mar, presenta un interés terapéutico. El 80 % de las personas afectadas de psoriasis, de otras enfermedades de la piel o de las articulaciones experimentan una mejoría de su estado. Al cabo de 4 semanas de tratamiento, la remisión es de alrededor de diez meses para las enfermedades de la piel y esto sin tratamientos medicamentosos. El tratamiento consiste en baños de sol y de mar cuya duración y frecuencia se calculan en función del tipo de piel, de la estación, de la hora de la exposición y de la enfermedad.

El acné

El acné es una enfermedad del folículo pilosebáceo que asocia una hipersecreción sebácea y una hiperqueratinacion folicular a una proliferación bacteriana. El acné está localizado principalmente en la cara. Pueden estar asociados los efectos del escote, los hombros y la espalda. El acné juvenil es la afección cutánea más frecuente. Ésta afecta al 80 % de los adolescentes. Otros acnés no entran en el cuadro de acné juvenil: son el acné del bebé que afecta a menudo a la cara, el acné tardío (después de los 30 años), que requiere a menudo realizar un chequeo hormonal en las mujeres, y el acné iatrogénico debido a los medicamentos o a las cremas cosméticas grasas. Los niños, al igual que las personas mayores, debido a su diferente producción hormonal, padecen frecuentemente menos acné. El 85 % de los adolescentes tienen un acné mínimo, el 15 % restante tiene un acné grave.

Los hábitos de higiene y la utilización de algunos cosméticos pueden explicar ya sea la mala tolerancia de los tópicos antiacnéicos, o bien la persistencia de un acné retencional. La ingesta de algunos medicamentos favorece los brotes. En la práctica, se trata frecuentemente de la ingesta de progestativos con actividad androgénica, a veces la vitamina B12 tomada a largo plazo. Más raramente, se encuentran corticosteroides, halógenos (bromo, iodo), litio, anticonvulsivos o andrógenos.

¿Cómo se forma el acné?

El proceso es muy conocido. Los poros de la piel se cierran. La flora bacteriana es un elemento importante en la aparición del acné. Algunas bacterias anaerobias (que viven sin oxígeno) van a proliferar. Si la proliferación es suficiente, habrá ruptura bajo la epidermis. La aparición de esta ruptura permite la propagación de la infección bajo la piel. El factor esencial para la predisposición al acné es posiblemente el espesor de la piel. En efecto, cuanto más fina es la piel menos probabilidades hay de que los poros se cierren. Diversos irritantes (sol, cloro, frio, sudor, etc.) posiblemente contribuyen a espesar la epidermis, así como excesivas limpiezas. Otros productos pueden contribuir a reducir el espesor de la epidermis (el ácido salicílico). La exposición al sol aumenta la producción de sebo y lleva al espesamiento de la piel. La mejora momentánea que algunas personas constatan tras una exposición al sol, es probablemente debida al cambio de tez de la piel, pero los efectos son nefastos a largo plazo. La dihidrotestosterona, derivada de la testosterona, posiblemente desempeña una función. Algunas personas posiblemente tienen una predisposición a producir este derivado que posiblemente afecta a la producción del sebo.

Le zinc

Se han realizado varios estudios de doble ciego para evaluar la eficacia del zinc en el acné. El zinc reduce la inflamación al inhibir la producción de la glándula sebácea por su acción sobre la 5-alfa reductasa, al reducir el contenido de zinc de los glóbulos blancos, responsable de un descenso de su quimiotactismo (desplazamiento hacia su objetivo) (33) y al inhibir la producción de NO (óxido nítrico) inducida por las citocinas inflamatorias en los queratinocitos (34). En los años 70-80, el zinc se utilizaba en dosis elevadas y en forma de sulfato y a veces era responsable de trastornos digestivos. Actualmente el zinc se propone en dosis moderadas y en forma de gluconato o de citrato. La administración de zinc durante 3 meses permite reducir el número de pústulas, de pápulas, de infiltraciones y de quistes. (35). En 1989, aparece un estudio de doble ciego frente a placebo que muestra la eficacia del zinc en forma de gluconato a una dosis de 30 mg/día, esencialmente en las formas pustulosas e inflamatorias del acné (36). La eficacia del zinc a una dosis de 30 mg/día ha sido confirmada en un ensayo reciente con 67 sujetos, que había comparado dos modos de administración diferentes de una duración de 3 meses: una administración periódica y una administración de carga durante 3 semanas, siendo similar la cantidad total de zinc en la duración del protocolo (37). En la práctica, el zinc debe utilizarse en asociación con una antibioterapia, o solo, especialmente en situaciones donde es necesario evitar la antibioterapia, como en caso de contraindicación (embarazo, exposición solar para las tetraciclinas).

El selenio

Los pacientes afectados de acné vulgar tienen un nivel bajo de selenio (38). Los hombres afectados de acné tienen una actividad baja de glutatión peroxidasa en relación con los sujetos del grupo de control. En cuanto a las mujeres afectadas de acné, tienen una actividad elevada de glutatión peroxidasa, parecida a la actividad de las mujeres que toman contraceptivos orales, en comparación con las que no los toman. La ingesta de selenio (400 µg/día) y de vitamina E (20 mg/día) durante un periodo entre 6 y 12 semanas por parte de 47 mujeres y 42 hombres ha permitido reducir las pústulas y elevar ligeramente la actividad de la glutatión peroxidasa. La detención del tratamiento llevó a una vuelta a los valores anteriores (39).

Belleza de la piel y nutrición

La piel es un reflejo del estado de salud y de un estilo de vida. Algunos productos son nefastos para la salud y la piel. Su consumo se resiente en el aspecto de la piel. Las consecuencias pueden ser más o menos importantes (color amarillento o cetrino, cáncer de piel).

Entre estas sustancias, el tabaco: éste disminuye la llegada de la sangre y del oxígeno a la piel. Esto tiene varias consecuencias observables: la piel se hace más apagada, pierde su flexibilidad, las arrugas son más precoces y más profundas. Los efectos son todavía más manifiestos si se tiene en cuenta que la eficacia de los cuidados de la cara queda disminuida por la acción del cigarrillo.

Existe una relación estrecha entre una piel seca y una aportación insuficiente de ácidos grasos poliinsaturados. Los ácidos grasos insaturados, muy implicados en la función de barrera, participan en la buena hidratación de la piel. A las personas que tienen una piel seca les interesa consumir aceites vegetales de borraja y de onagra y aceites de pescado. De igual modo, hay que consumir pescado graso tipo salmón, bacalao, atún, sardina, caballa y fletán (40).

Conclusión

El impacto de la nutrición y del consumo de suplementos nutricionales en algunas enfermedades de la piel (psoriasis, eczema atópico y acné) es importante. En primer lugar, es primordial tener una alimentación sana, variada, rica en antioxidantes y en omega 3 y una buena hidratación (como mínimo 1,5 l de agua al día). Los suplementos en nutrientes pueden utilizarse solos o como coadyuvantes de terapias medicamentosas convencionales. El eczema atópico está asociado a un déficit de actividad de la 6-desaturasa que es el origen de una insuficiencia de síntesis de ácido g-linolénico; el aceite de onagra y de borraja, al restablecer el nivel de ácido gamma-linolénico, permite la desaparición de las manifestaciones atópicas. La aportación de aceites de pescado concentrados en EPA, puede contrarrestar el exceso de metabolitos inflamatorios producidos en el curso de la psoriasis y lograr la curación. A continuación, deberá realizarse un consumo importante de pescado graso. Finalmente, el acné presenta un fuerte componente inflamatorio; el zinc, al inhibirlo, permite la reducción de las manifestaciones inflamatorias del acné. Por último, la aportación de antioxidantes es especialmente importante para la piel, especialmente la vitamina E, el betacaroteno y el selenio como elementos constituyentes de la glutatión peroxidasa. Para recordar, todo consumo de suplementos de ácidos grasos poliinsaturados debe ir acompañado de suplementos concomitantes de antioxidantes liposolubles, especialmente la vitamina E. Se podría proponer de 200 a 400 mg de alfa tocoferol equivalente por gramo de EPA+DHA.



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