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10-05-2016

Lo he intentado todo, me es imposible adelgazar

Lactobacillus Gasseri Si intenta perder peso sin conseguirlo, es sin duda porque le falta un ingrediente.
Este ingrediente podría ser una buena flora intestinal.
Durante mucho tiempo se ha creído que la flora intestinal aseguraba básicamente las defensas inmunitarias. Y con razón. El 80 % de las defensas inmunitarias está garantizado por la flora intestinal [1]. Es un cometido considerable.
Pero las investigaciones han evolucionado. Recientemente, los científicos se han dado cuenta de que la flora intestinal desempeña un papel en el control del peso.
Me gustaría presentarles el Lactobacillus gasseri, una bacteria probiótica desconocida, pero que posee sin embargo unas propiedades muy interesantes. Los investigadores han observado que nutrir la flora intestinal con Lactobacillus gasseri (o L. gasseri) facilitaba la pérdida de los kilos de más.
Con demasiada frecuencia, la bacteria L. gasseri se ve eclipsada por su primaLactobacillus casei (o L. casei), que se encuentra en los supermercados en el Actimel, por ejemplo.
La mayoría de las bacterias probióticas, como L. casei, se utilizan para mejorar las defensas inmunitarias.
Pero esto está cambiando.
Los investigadores de vanguardia se dan cuenta en la actualidad de que la composición de la flora intestinal es responsable de la obesidad y la diabetes de tipo 2.

Flora intestinal y sobrepeso

Se avecina una revolución en los tratamientos contra la obesidad y la diabetes de tipo 2. Los investigadores estiman que la implantación de las bacterias adecuadas en el intestino podría ser una clave para tratar la obesidad.
Nuestro aparato digestivo alberga cerca de 500 especies de microorganismos que participan en la digestión y la inmunidad. La población de cada una de las especies se cuenta por miles de millones. Esto constituye un ejército de miles de millones de microorganismos que pueblan el intestino y que, día y noche, lo protegen, lo limpian e impiden que las bacterias y levaduras perjudiciales se desarrollen, al ocupar su lugar.
Para ofrecer una escala, estos microorganismos son diez veces más numerosos que las células del cuerpo, es decir 100 trillones, con 14 ceros [1].
Este ejército inmenso se denomina «flora intestinal».
Hay que mantener la flora intestinal nutriéndola con alimentos saludables y volviéndola a sembrar con regularidad. De lo contrario, la flora intestinal se convertirá en el refugio de especies perjudiciales que desencadenarán estreñimiento, hinchazón, diarrea, inflamaciones diversas, alteraciones del pie, necesidad de azúcar, sobrepeso y humor inestable. Pero una mala flora causa además enfermedades más graves, como la colopatía funcional, diarrea sangrante, cáncer de colon, diabetes de tipo 2 u obesidad.
Se calcula que una flora intestinal óptima contiene un 85 % de bacterias buenas por un 15 % de bacterias malas.

Demasiados espaguetis, pizzas y azúcares

El problema fundamental de la alimentación moderna de base es que deteriora la flora intestinal reduciendo su variedad y favoreciendo a las especies de bacterias nefastas. Los antibióticos agravan estos efectos, ya que destruyen las bacterias buenas instaladas desde el nacimiento para dejar que proliferen especies indeseables.
En nuestras poblaciones, a menudo se digiere mal el gluten, que se encuentra en el pan, las pastas y las pizzas. Esto provoca una inflamación crónica del intestino. Esta inflamación indica un debilitamiento de la flora intestinal.
La acción del gluten es comparable con el hecho de arañar continuamente la pared interior del intestino con lija. Destruye la mucosa que protege la pared intestinal. Esta mucosa está compuesta por miles de millones de bacterias. Sin ellas, nadie se encarga del intestino para mantenerlo limpio y sano.
La pared del intestino se vuelve porosa y deja que penetren toda clase de sustancias nocivas en la sangre. Estas sustancias provocan numerosos daños, por ejemplo una aceleración del almacenamiento de las grasas.
Todos los alimentos azucarados o que se transforman rápidamente en azúcares simples son igualmente nocivos para la flora intestinal. Esto incluye las patatas, la fructosa de los zumos y la lactosa de los productos lácteos. Todos ellos favorecen la proliferación de una flora fúngica que altera la inmunidad, induce el riesgo de diabetes, obesidad, accidentes cardiovasculares y todo tipo de neoplasias malignas.
Una flora intestinal desequilibrada puede causar sobrepeso o dificultar la pérdida de peso. Numerosos estudios han mostrado que la flora de las personas obesas tenía una composición diferente a la de las personas delgadas [1].

L. gasseri permite perder el exceso de peso

Investigadores japoneses han realizado un estudio cuyo objetivo era examinar el impacto del probiótico Lactobacillus gasseri sobre la obesidad. El ensayo clínico multicéntrico se llevó a cabo a doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo, en 87 personas con un exceso importante de grasa abdominal [2]. Tras 12 semanas, los sujetos tratados con L. gasseri habían perdido de media un 4,6 % de grasa abdominal y un 3,3 % de grasa subcutánea. Su peso disminuyó en un 1,4 % y el contorno de cintura en un 1,8 %.
La implantación de L. gasseri permite engrosar la barrera mucosa del intestino. Así, las sustancias nocivas ya no pueden penetrar libremente en la sangre [3].
L. gasseri permite también modificar las señales químicas provenientes del aparato digestivo, para cambiar el tratamiento de la grasa en el cuerpo.
Este estudio confirma los resultados de un ensayo anterior que había demostrado la eficacia de L. gasseri para reducir los niveles de grasa en los animales [1].
Obviamente, L. gasseri no es la panacea para adelgazar. Los resultados existen, pero están lejos de ser asombrosos. No espere adelgazar de un día para otro tomando este probiótico.
Pero en el marco de una alimentación sana y con actividad física, añadir un probiótico de L. gasseri puede marcar la diferencia. Es seguro que si se come de manera saludable, se hace ejercicio y, a pesar de todo, no se observa ningún cambio en el peso, L. gasseri tiene posibilidades de ser el desencadenante que permite perder el exceso de kilos.
Lo que está claro es que una flora intestinal mal conservada no puede funcionar correctamente. Es como subir una cuesta en bicicleta cuando el cambio de marchas está atascado en velocidad elevada. Es mejor bajar y empujar la bicicleta a pie. Pero si ha cuidado bien la bicicleta y puede pasar a una velocidad más baja, remontará la cuesta mucho más rápido que a pie.
Del mismo modo, según los cuidados que preste a su flora intestinal, puede jugar con usted o contra usted.
Una buena flora intestinal puede facilitar su digestión, aportar los nutrientes y las vitaminas necesarias, mejorar el metabolismo para almacenar menos grasas y protegerle de los virus, los hongos, las bacterias malas y las enfermedades que le acechan.
Una mala flora intestinal no solo le dejará sin defensas ante los ataques exteriores. Complicará su digestión, con aumento del riesgo de estreñimiento, diarrea, etc. Pero sobre todo permitirá que proliferen bacterias malsanas, levaduras y hongos oportunistas y patógenos (Candida albicans) en su intestino, al garantizarles calor, alimento y protección.
Por tanto, es obligatorio que cuide su flora intestinal.
Si se asegura que su tubo digestivo está bien sembrado de L. gasseri, usted contribuye al reequilibrio de la flora intestinal y la mejora del metabolismo. L. gasseri permite engrosar la mucosa intestinal y modificar las señales químicas de tratamiento de la grasa a través del cuerpo. Esto facilita la pérdida de peso.

El probiótico de la leche materna

L. gasseri ya se conoce como probiótico para reforzar las defensas inmunitarias. Se llevó a cabo un ensayo clínico aleatorizado a doble ciego comparado con placebo en 44 niños alérgicos [4]. Los niños que recibieron los probióticos experimentaron una aceleración de su reacción inmunitaria a las alergias. Su salud también mejoró.
L. gasseri forma parte de las bacterias esenciales para la calidad de la flora intestinal y garantiza además un buen estado de salud en un sentido amplio. Proviene en origen de la leche materna. Si ha tenido la suerte de haber sido alimentado con lactancia materna, L. gasseri habrá colonizado su intestino desde su más tierna infancia. Se sabe además que los niños alimentados con leche materna son menos susceptibles a tener sobrepeso.
Para aquellos que no han tenido esa suerte, se recomienda vivamente realizar una buena cura deL. gasseri como probiótico para implantarlo de manera duradera en su intestino. Si es usted aplicado, podrá beneficiarse de los numerosos efectos positivos de L. gasseri.
La naturaleza es de tal manera que su flora intestinal es una herencia de su madre. Antes de nacer, su tubo digestivo es estéril. Al salir del vientre, su intestino se siembra con la flora vaginal de su madre. Después, la leche materna le proporciona otras bacterias probióticas indispensables como L. gasseri.
En la actualidad, entre cesáreas y biberones de leche pasteurizada, la siembra por parte de la madre durante el nacimiento está cada vez menos garantizada. Durante una cesárea, se salta la etapa de la siembra gracias a la flora vaginal. Si no se da el pecho, el niño no recibe estas bacterias maternas buenas que deberían colonizar el intestino.
En ese caso son las feroces bacterias de los hospitales o el aire viciado de las ciudades las que se encargan de la siembra. Así se entiende mejor la llegada de generaciones de niños frágiles, alérgicos y asmáticos.
Tomar L. gasseri, es por tanto una manera de reconstruir la flora intestinal sana y sólida que la madre entrega a su hijo en el momento del nacimiento.

El problema de los probiótico por vía oral

Al ingerir probióticos, se espera que pasen a través del aparato digestivo para proliferar en el intestino.
En realidad les espera un camino peligroso.
Las bacterias probióticas sufren los ataques ácidos de las enzimas presentes en la saliva y el estómago. La mayoría de bacterias se ven entonces diezmadas y las supervivientes no tienen ninguna posibilidad de poder implantarse en el intestino una vez que han cruzado la barrera del estómago.
Por tanto, es esencial seleccionar una bacteria probiótica capaz de resistir a la barrera digestiva. De lo contrario, el tratamiento no tendrá ninguna posibilidad de reforzar la flora intestinal.
Para simular los ataques ácidos, los investigadores del Agroscope de Berna colocaron una cepa de L. gasseri en una solución de sales biliares al 0,3 % durante 3 horas. Al final del experimento, las bacterias L. gasseri habrían sobrevivido. También han sometido la cepa L. gasseri a un medio ácido de pH3 durante 3 horas. Observaron que la población de bacterias había disminuido hasta la mitad, lo que es razonable [5].
Los mismos investigadores realizaron un estudio en lechones a los que administraron L. gasseri durante 2 semanas. Como esta bacteria proviene de la leche materna, es extraña a la especie porcina.
Al estudiar las heces tras la ingestión, los investigadores encontraron residuos de la cepaL. gasseri, incluso una semana después de detener el tratamiento. Es otra prueba de que las bacterias habían sobrevivido bien a la digestión [6].
L. gasseri es por tanto un probiótico que se puede tomar con la seguridad de que reforzará la flora intestinal.

Eric Müller


Bibliografía:
[1] How The Bacteria In Your Gut Is Linked To The Size Of Your Waistline, Mercola
[2] Kadooka Y1, Sato M, Imaizumi K, Ogawa A, Ikuyama K, Akai Y, Okano M, Kagoshima M, Tsuchida T., Regulation of abdominal adiposity by probiotics (Lactobacillus gasseri SBT2055) in adults with obese tendencies in a randomized controlled trial, Eur J Clin Nutr. 2010 Jun;64(6):636-43. doi: 10.1038/ejcn.2010.19. Epub 2010 Mar 10.,
[3] Nutrition soins santé, Effet du microbiote sur notre santé : obésité et diabète de type II,
[4] Martínez-Cañavate A1, Sierra S, Lara-Villoslada F, Romero J, Maldonado J, Boza J, Xaus J, Olivares M., A probiotic dairy product containing L. gasseri CECT5714 and L. coryniformis CECT5711 induces immunological changes in children suffering from allergy, Pediatr Allergy Immunol. 2009 Sep;20(6):592-600. doi: 10.1111/j.1399-3038.2008.00833.x. Epub 2009 Jul 8.
[5] Bogovic-Matijasic B, Rogelj I: Bacteriocinogenic activity of lactobacilli isolated from cheese and baby faeces. Food Technol Biotechnol 1999, 37:93-100.
[6] Bogovic Matijasic B, Stojkovic S, Rogelj I: Survival and in vivo adhesion of human isolates Lactobacillus gasseri LF221 and K7 in weaned piglets and their effects on coliforms, clostridia and lactobacilli viable counts in faeces and mucosa J Dairy Res 2006, 73:417-422.
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